Este otoño hemos vuelto a Senegal. Volver siempre es emocionante, pero esta vez la ruta ha sido especialmente intensa: más kilómetros, más pueblos, más contacto directo con las comunidades y más oportunidades de aprender de cada persona que hemos encontrado en el camino.
Durante diez días recorrimos parte del país para llevar atención, recursos y, sobre todo, presencia y escucha.
El inicio del viaje a Senegal
El viaje empezó el 11 de octubre, aterrizando en Dakar para dirigirnos a Mbour, donde recuperamos fuerzas antes de adentrarnos en el interior. Al día siguiente emprendimos un largo trayecto hacia Tambacounda, más de 490 kilómetros por carreteras que nos obligan a avanzar despacio, pero que permiten observar la vida cotidiana del país en cada parada.
El 13 de octubre llegamos finalmente a Kedougou, que fue nuestro centro de operaciones durante varios días. Desde allí partimos jornada tras jornada hacia aldeas remotas donde nos esperaban para realizar actividades sanitarias, educativas y de convivencia.
Visitamos comunidades como:
- Dialacoto y su guardería, donde compartimos recursos y cariño con los más pequeños.
- Dalaba post de sante de Kedougou, uno de los puestos donde realizamos varias jornadas de consultas dentales.
- Hospital de Kedougou, nuestro centro de operaciones, junto a nuestro amigo Landing Sagna nos hemos reunido con el nuevo (no lo había antes) equipo de Endocrinología, al cual ayudaremos a poner en marcha el servicio de la mano de la próxima expedición con el Dr Guillem Cuatrecasas y su equipo.
- Dimboli, Fongolimbi, Brandufari, Kabateguinda, Baitilaye, Syllacounda y Tomboronkoto, aldeas donde la población nos recibió con una hospitalidad inmensa, y donde ofrecimos atención sanitaria y entregamos donaciones.



Los desplazamientos (diarios) acostumbran a ser a las poblaciones mencionadas, con vehículos 4×4 que nos presta el Hospital, bajo el sol o la lluvia, pero siempre con la motivación intacta. La ruta no solo es un trayecto físico: también es una experiencia humana. Pasar horas en carretera permite comprender mejor las distancias que separan a las comunidades del acceso a los servicios básicos.
El viaje terminó el 21 de octubre, con el vuelo de regreso. Volvimos cansados pero llenos de vivencias, historias y realidades que nos impulsan a seguir trabajando. Este viaje no ha sido solo un itinerario. Ha sido un recordatorio de que la cooperación se construye cada día, con presencia, con compromiso y con humanidad.





